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**Leonel
Rugama y la Biosofía de la Palabra en Riesgo:
Vida,
Anécdota y Acción en Diálogo con la Poesía Latinoamericana**
ChatGPT
y Byron Javier Picado Molina
Estelí, 16 enero 2026
Introducción
Leonel Rugama ocupa un lugar
singular en la poesía latinoamericana del siglo XX. Su obra, breve, pero de
alta densidad vital y estética, no puede ser comprendida únicamente como poesía
comprometida ni como testimonio revolucionario. Como afirma Julio
Valle-Castillo, Rugama no “solamente” puso la poesía al servicio de la
revolución: hizo de la poesía una revolución en sí misma (Valle-Castillo,
2008).
Desde la Biosofía,
entendida como sabiduría de y para la vida encarnada, histórica y relacional
—donde palabra, acción y conziencia forman una unidad orgánica—, Rugama aparece
como una figura paradigmática de la palabra en riesgo, aquella que se pronuncia
sabiendo que puede costar la vida. Este ensayo propone
una lectura biosófica de Rugama y lo sitúa en diálogo con otros poetas que
también hicieron de la poesía un acto ontológico y político.
1. Biosofía y palabra
vivida
La Biosofía parte de
una premisa fundamental: no hay conocimiento separado de la vida que lo
produce. Toda palabra auténtica surge de una experiencia encarnada y transforma
el mundo en el acto mismo de decirlo.
En Rugama, esta
condición alcanza un punto extremo. Vida y poesía se confunden: se escribe en
clandestinidad, se habla desde la calle, se vive con la certeza de la muerte.
Valle-Castillo subraya esta unidad radical cuando afirma que en Rugama hay una
coincidencia absoluta entre acción y escritura (2008).
Esta misma concepción
de la palabra como acto vital puede encontrarse en César Vallejo, para quien el
poema no es forma sino “dolor pensado” (Vallejo, 1939/2005), y en José Martí,
cuya escritura fue inseparable de su acción política y de su destino histórico
(Martí, 1891/2002).
2. La anécdota como
ontología de lo concreto
Uno de los rasgos
distintivos de Rugama es su apego a la anécdota, a la historia mínima, al
personaje concreto. Valle-Castillo destaca que su poesía está llena de
“huellas” de existencia individual e histórica (2008).
Desde una perspectiva
biosófica, la anécdota no es un recurso narrativo menor, sino una ontología de
lo concreto: el ser se afirma en el acontecimiento vivido. Rugama no teoriza la
opresión; la muestra en buses urbanos, paniquines vacíos, barrios marginales y
cuerpos agotados.
Este procedimiento lo
vincula con Roque Dalton, cuya poesía también se construye a partir de
anécdotas urbanas y populares, donde el humor, la ironía y la tragedia
coexisten como formas de conocimiento histórico (Dalton, 1974). Ambos poetas
entienden que la Historia se manifiesta en lo cotidiano y que allí debe ser
interpelada.
3. Epigrama, brevedad y
economía vital
Las composiciones
breves de Rugama —“Subsistencia”, “Acahualinca es un paseo”, “Los paniquines
están vacíos”— pertenecen al género epigramático, pero su brevedad no responde
a una elección formalista, sino a una economía vital.
En contextos de
violencia estructural y muerte inminente, la palabra se vuelve urgente. Cada
verso debe cumplir una función. Esta condensación recuerda la poesía de Otto
René Castillo, donde el poema breve actúa como estallido éticomoral y político,
una forma de decir lo esencial antes del silencio definitivo (Castillo, 1965).
Desde la Biosofía, esta
brevedad es expresión de una vida presionada por el tiempo histórico: el poema
se convierte en acto de supervivencia simbólica.
4. Premonición, humor
negro y lucidez trágica
Valle-Castillo
identifica en Rugama un sentimiento premonitorio constante: la certeza de que
responder a la Historia implica pagar con la vida (2008). Sin embargo, esta
conziencia no deriva en solemnidad, sino en un humor negro con matiz de dolor.
Este humor cumple una
función biosófica: integra la muerte a la vida sin negarla ni sacralizarla. En
este punto, Rugama dialoga con Roque Dalton, quien afirmaba que el humor era
una forma de sanidad revolucionaria, una defensa ética frente al horror (Dalton,
1974).
También se aproxima a
César Vallejo, cuya poesía asume el sufrimiento humano sin estetizarlo,
convirtiéndolo en conciencia compartida y responsabilidad histórica (Vallejo,
1939/2005).
5. Rugama como poeta
artesanal e intelectual orgánico
Valle-Castillo insiste
en desmontar la lectura hagiográfica de Rugama. No es un mártir convertido en
poeta, ni un revolucionario que ocasionalmente escribió versos. Es un poeta
artesanal, con rigor formal, conciencia del lenguaje y acabado expresivo
(Valle-Castillo, 2008).
Al mismo tiempo, Rugama
encarna la figura del intelectual orgánico (Gramsci, 2009): su palabra no es
individualista, sino organizadora de conciencia colectiva. Un intelectual
revolucionario. En este sentido, su obra se emparenta con Ernesto Cardenal,
aunque desde registros distintos. Mientras Cardenal construye una épica
contemplativa y coral, Rugama apuesta por la interpelación directa y urgente,
por la poesía de barricada.
Desde la Biosofía,
ambos representan modos distintos de una misma tarea: fundar sentido histórico
a través de la palabra viva.
6. La palabra que
trasciende la acción
El cierre de
Valle-Castillo es revelador:
“La palabra apuntando la
acción y apurada, cumplida más allá de la acción misma” (2008, p. 560).
Aquí se manifiesta el
núcleo biosófico de Rugama. La palabra no se agota en el acto político ni muere
con el cuerpo del poeta. Como en Martí, cuya escritura sigue actuando más allá de
su muerte, la palabra de Rugama sobrevive como semilla de conziencia histórica.
Desde la Biosofía, esta
permanencia se explica porque la palabra auténtica no pertenece al individuo,
sino al proceso vital colectivo que ayudó a despertar.
Conclusión
Leonel Rugama, leído
desde la Biosofía y en diálogo con la tradición poética latinoamericana,
aparece como una figura límite de la palabra encarnada en riesgo. Su poesía no
describe la vida: la arriesga. No se sitúa a distancia del vivir para
observarlo o representarlo, sino que se inscribe en él como gesto límite, como
apuesta existencial. Cada poema de Rugama es un acto vital expuesto, escrito
desde la intemperie histórica y no desde la seguridad del gabinete. La palabra
se pronuncia sabiendo que puede costar la vida, y esa conziencia transforma el
lenguaje en cuerpo vulnerable, en respiración apurada, en presencia radical.
Desde esta perspectiva, la poesía deja de ser espejo y se convierte en zona de
riesgo, donde decir es ya actuar.
No solo representa la
Historia: la enfrenta. Rugama no solamente narra los procesos históricos ni
solo los convierte en alegoría; los interpela directamente, los nombra desde
abajo, desde la calle, desde los márgenes urbanos y humanos. La Historia
aparece como fuerza opresiva concreta —policial, económica, clasista— ante la
cual el poema responde con desafío. No hay neutralidad ni distancia épica
tradicional: hay choque frontal. La poesía se vuelve réplica, contradicción
viva, gesto de insubordinación simbólica que sabe que toda respuesta verdadera
a la Historia exige pagar un precio.
No acompaña la acción:
la antecede y la funda. En Rugama, la palabra no llega después del
acontecimiento para narrarlo ni antes para adornarlo ideológicamente. Llega
como anticipación éticamoral, como conziencia que se adelanta al acto y lo
vuelve necesario. El poema no solo legitima la acción: la prepara, la acelera,
la vuelve ineludible. Por eso su poesía no es propaganda ni consigna; es
conziencia en estado de urgencia, pensamiento que se vuelve cuerpo antes de
convertirse en gesto armado.
Este triple movimiento
define lo que Julio Valle-Castillo llama exteriorismo popular y coloquialismo
agitativo. Exteriorismo, porque la poesía se nutre de lo real inmediato: buses,
paniquines, barrios, cuerpos, voces del pueblo. Popular, porque asume el habla,
el ritmo y la experiencia de los sectores subalternos sin idealizarlos ni
estetizarlos. Y coloquialismo agitativo, porque la palabra no busca serenidad
ni equilibrio formal, sino interpelar, sacudir, convocar. Es una poesía que
habla en voz alta, que necesita ser oída en la esquina, en la barricada, en la
clandestinidad.
Así, en Rugama, el
lenguaje no solo representa un mundo: lo pone en movimiento. La palabra no solo
explica la vida: la tensiona hasta el límite. Y en esa tensión —biosófica,
política y poética— su obra encuentra su permanencia: no como documento del
pasado, sino como fuerza viva que sigue exigiendo respuesta.
Como Vallejo, Martí,
Dalton y Castillo, Rugama entendió que escribir es un acto ontológico y
éticomoral. Su obra breve pero intensa confirma que la poesía, cuando nace de
la vida y vuelve a ella, puede convertirse en fuerza creadora de mundo.
Referencias (formato
APA)
Bachelard, G. (2000).
La intuición del instante. Fondo de Cultura Económica.
Castillo, O. R. (1965).
Vámonos patria a caminar. Guatemala: Editorial Universitaria.
Dalton, R. (1974).
Poemas clandestinos. México: Siglo XXI.
Gramsci, A. (2009).
Cuadernos de la cárcel (Vols. 1–5). México: Era.
Martí, J. (2002).
Nuestra América. La Habana: Casa de las Américas. (Obra original publicada en
1891).
Valle-Castillo, J. (2008). El siglo de la poesía en Nicaragua. Tomo III: Neovanguardia (1960–1980). Managua: Anamá Ediciones.
Vallejo, C. (2005).
Poemas humanos. Madrid: Cátedra. (Obra original publicada en 1939).
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